
Seguimos where we left off
Southwark it is, then.
Mi amiga Constanza se había ido a Londres. A su regreso, nos encontramos en John John a tomar algo y ella me contó de su viaje. Con una efusividad y energía poco carácterísticas de su persona, C me contó la impresionante anécdota de su encuerntro con Mr. Calder. En este momento, y sintiéndome bastante ignorante, yo desconocía por completo quién era este "viejito adorable" (cito a C) amigo de Beckett. Escuché entonces con atención el relato de mi amiga. Entra al bookshop, compra calder, habla con el de la caja, le dice "blabla, quedate que ahora hay una obra, pero no querés conocerlo a Mr. Calder? Atras de la cortina, right down the stairs, he's in his study". C fue, y para su horror, se encontró incapacitada para el habla, él fue muy amable, le firmó el libro y quedó fascinado con que un ser de estas tierras fuera a su pequeña librería sobre The Cut Street y se le acercara. Mi relato es paupérrimo, no soy digna, y ademas me faltan muchos detallese (y seguramente datos importantes, no solo detalles, se me han escapado y estan tirados panza al sol en alguna playa del mediterráneo y riendose de mi).
Es así que desde Londres le mando un mail a mi amiga C, diciendole que me pase la dirección del bookshop theatre. Increiblemente, C contesta entusiasmada (nunca responde mails ni llamadas, parece que si uno está en Londres nomas) y me dice que ojala pueda conocer a ese "delight old man".
Me bajo en la estación de subte correspondiente camino por the cut St. Es el paraíso de todo estudiante de teatro y amantes del under teatril, digamos. Llego a la librería, un lugar chiquito y acogedor, como no podía ser de otra manera, con un cartel-pizarra en la vereda que anuncia la obra que habrá esa noche ("noche", digamos, 7pm) gratis. Las obras se hacen en el mismo lugar. En la pared de atrás del negocio hay un gran telón negro, que se corre al comenzar la funcion. Esa noche había Shakespeare, bummer que no me pude quedar. Recorro el lugar, con paciencia e intentando con mucho control mental: a) no gritar de la emocion, b) no ponerme a llorar de nuevo -tambien de la emocion-, c) no ir al mostrador y decirle al chico "I´ll take it all. Now, my credit card limit is about to crash, so you can have my soul, where do I sign?. Despues de mucho tiempo y selección, agarro unos 7 libros, y desenfundo la tarjeta, rezando para que pase. Pasa. Respiro. Intercambio unas palabras con el colorado detras del mostrador y le digo que vengo de Bs As y le pregunto por el viejo. No está, me dice. Fuck. Parece que así no sucede.
La anécdota linda es la de mi amiga Constanza.
Yo volvi con una deuda en la tarjeta. Mierda, pero con unos libritos que son quite a treasure. Y que cuando meto la nariz entre esas páginas, me transportan automáticamente al bookshop. Por ahora, no pido más.
